permalink

24 de julio de 2009

Anoche me dió por pensar, que si cada uno de nosotros (y en el mundo somos muchos) idearamos una competición -el que más flanes come de una sentada, el más rápido en ducharse, el más lento en la cama, etc…- Siempre habrían como pocos 2 millones de personas que serían mejores que nosotros.

Si nos dieran a elegir en qué somos los mejores del mundo, no seriamos capaces de encontrar la competición en la cual fuesemos imbatibles. Yo, por ejemplo, sería bueno en especialidades como “el que más cocacola puede beber en 24h” o “el que más cigarros lía en 10 minutos”, sin embargo soy consciente de que en el mundo deben vivir aproximadamente unos 3 millones de personas (como poco) que sean capaces de beber más litros en un día y que preparan cigarrillos más rápido que yo.

Y no digamos, si la finalidad es algo subjetivo del tipo “el que mejor pinta”, “el que mejor grita” o “el que mejor caga”. Claro, ahí además de ser batidos por otros cuantos millones de jugadores, estaríamos a merced de una serie de jueces que tendrían puntos de vista diferentes a los nuestros (nadie se escapa de tener un mal día). Es aquello de que los pedos de uno huelen mucho mejor que los de cualquiera. Para gustos los colores…

Entendido esto, es decir, que ni siquiera eligiendo la competición en la que uno destacaría, y desechando de antemano aquellas proezas subjetibables, realmente podríamos conseguir el éxito… el uso de la competición pierde cualquier tipo de interes.

A estas alturas, para mí, cualquier tipo de concurso, de prueba, o de exámen me recuerda a las mediciones que haciamos tras la tapia del colegio para ver quién la tenia más larga.

Otra cosa es mejorar, rendir más y mejor, dar el máximo (sabiendo que no es un máximo universal y absoluto) y crecer de manera armónica.

Pero eso merece otro post…

Comentarios (View)
blog comments powered by Disqus